Una cuestión de educación (de mala educación)

Mi madre tiene una sabiduría innata. Y un sentido común como pocas personas. Cuando de jovencita me echaba algún novio ella veía las posibilidades de viabilidad de la pareja mucho mejor que Aramís Fuster. Mal ejemplo. Esta pobre está loca. El caso es que tenía una probabilidad de acierto de 9 sobre 10. Y cuando no veía las cosas claras, siempre te decía que lo más importante no era pertenecer a una misma clase económica, sino tener la misma educación. Y nunca se equivocó. No solo es importante para la convivencia en pareja, la educación lo es TODO para vivir en sociedad.

Me he pasado los últimos 20 años tratando de inculcar modales a mis hijos. Sé que lo llevan en el fondo de su tierno y hueco cerebro, pero por ahora lo sacan poco en casa. Gracias al cielo, fuera son un dechado de virtudes. Eso les convierte en magníficas visitas y pésimos habitantes en casa. Y no lo puedo remediar, me liaría a gritos, tortas y patadas como una loca porque no puedo soportarlo.

En los lugares de trabajo es donde mis nervios se crispan hasta no poder más. Subes a un ascensor abarrotado, saludas con un abierto y claro “buenos días”, o lo que corresponda, y se produce el más ensordecedor de los silencios. Yo ya perdí la paciencia en mi último cumpleaños. “No me toquéis las narices panda de sordos. Contestad si tenéis huevos”. Me entran ganas de responderme a mi misma y mantener un diálogo de loca de atar en voz alta para que todos se den cuenta de que me han ignorado. La mala educación …

El otro día, en una cafetería atestada de gente, todas las mesas estaban ocupadas, pero no todas las sillas. Pregunté a todos y cada uno de los ocupantes si podía coger una silla y todos alegaron que estaban esperando. Pasada una hora yo me fui, y las sillas que no me dejaron antes estaban ocupadas de abrigos y bolsos. Ninguna persona sentada en ellas. La mala educación…

¿Por qué? ¿Qué cuesta ser educado? ¿Dónde ha quedado el respeto? Me estoy volviendo mayor, este tipo de cosas son las que a mí me quitan el sueño, y bastante me cuesta  ya dormir.

Mar

Como dice mi hermana, en mi casa, cuando éramos niños la educación era algo muy importante. No solo era obligatorio el “por favor” y el “Gracias” a cada momento, también los modales en la mesa eran algo fundamental.

Había que limpiarse la boca antes y después de beber agua, el pan se cortaba a “pellizcos” y nunca con el cuchillo, la comida se troceaba según te la fueras a comer y no toda de golpe, no se soplaba a la comida aunque te despellejaras el paladar del calor, las manos siempre sobre la mesa… ¡pero nunca el codo!

Y ASÍ, CIEN NORMAS MÁS.

Era tanta la importancia que se le daba y tal la presión que ejercían sobre nosotros, que recuerdo que alguna noche que salían fuera a cenar, mis hermanos y yo cenábamos “a lo fino” que consistía en comer con las manos, dando mordiscos directos al pan, eructando cuando nos apetecía y pasándonos por el arco del triunfo todas las enseñanzas que tanto se esforzaban mis padres por inculcarnos.

Un desahogo infantil, que a nosotros nos valía…

Pero a pesar de los agobios, creo que es uno de los mejores legados que se le pueden ofrecer a un niño. Saber comportarse en cualquier ocasión, que de mayores no duden al elegir cubiertos en una comida de trabajo y que se den cuenta de la cantidad de puertas que abre un buenos días y un por favor.

Cuando de jóvenes salíamos de copas juntas, solía haber polémica porque generalmente nos servían antes que al resto… ¿El secreto? Decir “por favor, me atiendes cuando tengas un momento?” Era como magia, los camareros pasaban de los “oye” y de los que les chistaban y nos servían como balas.

Estoy totalmente de acuerdo cuando en los colegios te repiten que allí se enseña, pero que se educa en casa. Y una buena educación es lo mejor que podemos ofrecer a nuestros hijos.

Yo he transmitido a mis hijos la misma educación, que me temo que, por desgracia, ahora debe estar obsoleta por lo que se va a nuestro alrededor… Así que tengo hijos que dejan pasar antes a las féminas (no es machismo, es educación), ceden su silla a las personas mayores y no se les cae de la boca el Gracias y el por favor…

Y ES DE LO QUE MÁS ORGULLOSA ME SIENTO