¡TÓCAME! ¡NO ME TOQUES!

He descubierto que mi sentido del tacto es trashumante.

Ha pasado de morir por el contacto constante de mi pareja a saltar como si me quemara aceite hirviendo cuando me toca. Me muero de pena por él, pero tiene mucho que ver con mi inexistente deseo sexual. Ese premio gordo de la menopausia.

tacto

Al inicio de nuestra relación, todo beso me sabía a poco, y cualquier gesto me hacía llegar al éxtasis. Ahora tengo que concienciarme y casi agendarlo para estar medianamente dispuesta.

Sin embargo, si voy a la peluquería y me masajean el cuero cabelludo, sería capaz de gemir como una perra en celo. Se me eriza la piel y quiero morir del gusto.

Sería capaz de cualquier cosa con tal de conseguir un buen masaje de reflexología podal. Sin mediar palabra. Sin conocernos de nada. Sin necesidad de mirarnos a los ojos.

Muero por los tratamientos faciales que no puedo permitirme. La relajación total de los músculos en manos de una profesional que sabe muy bien cómo mover sus manos y sus dedos sobre mi estresado rostro para causarme un infinito placer.

Puedo dormirme con babilla colgante incluida si alguien se ofrece a rascarme la espalda de arriba abajo. Fuerte. Dejando las marcas de sus dedos en todas las direcciones de mi espalda.

Los niños que nunca me gustaron son ahora mi mejor baza si deciden jugar a peinarme. Desconecto de la charla adulta para refugiarme en un sopor lánguido y unas tremendas ganas de hacer pis con el seguro de vida de la compresa anti pérdidas de orina en su sitio.

Ya no grito a los compañeros de oficina que te asaltan por la espalda masajeándote los hombros. Nada de exceso de confianza, COMPAÑERISMO en la máxima expresión de la palabra.

Querido esposo, si lees esto algún día, ya sabes: aprende a dar masajes en hombros y pies, un buen curso de peluquería con tocamiento de cuero cabelludo incluido y muchas ganas de rascarme. Entonces, y solo entonces…

SERÉ TODA TUYA.

Te quiero.

Mar

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¡NO ME TOQUES!!

No puedo entender como a nadie le pueda producir placer que le toque un desconocido/a… Bueno, ni un conocido tampoco…

Yo ¡NO SOPORTO QUE ME TOQUEN!

Si eres capaz de hacerlo, sin previo aviso  ¡atente a las consecuencias!

Recuerdo con horror cuando era pequeña y se acercaba mi padre hacia mí, con la intención de hacerme cosquillas… No hacía falta que me rozara, solo con el gesto de hacerlo, berreaba y me retorcía como la niña del exorcista.

Jugaba a baloncesto, y un día mordí a otra jugadora durante una lucha porque me agarró por detrás y no me soltaba…. Hubiera pasado desapercibido, pero yo me había partido los dientes unos años antes, y tenía uno en forma de pico, por lo que, a pesar de que negué haberlo hecho, me delató la sangre que manaba en abundancia del brazo de la contraria…

Pero mi fobia no solo me ha traído problemas, también me ha salvado algunas veces… Siendo adolescente, entraba con mis amigas en un local de moda y había dos filas de chicos que, por su posición, obligaban a que pasases entre ellos. Al pasar yo, uno de ellos me tocó una teta… y mi reacción (instintiva e instantánea) fue agarrarle de los huevos hasta que se retorció (y me apartaron sus amigos…)

Sé que soy rara… los masajes relajantes me estresan, en la pelu no pido ni crema suavizante para que no me masajeen el cuero cabelludo y cambio fin de semana en spa por Paint ball…

No he elegido ser así, pero así soy…

Solo hay una forma de contacto físico que me gusta más que el chocolate con almendras:

¡LOS ABRAZOS!

¡Esos sí que me reconfortan el alma!

Aunque también tengo condiciones: que el abrazador no delante la pelvis…

Lou