10 cosas que NUNCA debes regalarme

Nos van a bombardear con los regalos imprescindibles, pero ¿qué pasa con esas cosas que nunca debes regalarme? Mejor dejarlo claro desde el principio.

Estoy muy bien enseñada. Me han dicho que muchas veces es mejor “una vez colorada que ciento amarilla”. ¡Esa sabiduría popular! Antes de que nadie me pregunte qué quiero que me regalen esta Navidad, voy a poner lo que seguro que no deseo ver ni en pintura colocado a los pies del árbol.

1- Ahórrate lo del Satisfyer. Me importa un bledo que sea el regalo de moda. Que para sentirse más mujer independiente sea obligado tener uno. YO, NO. Ya tengo aspiradora.

2- No me gustan las joyas. Llámame loca, pero si un diamante es para siempre, a mí también me pierdes para siempre si me regalas uno. Me reconforta saber que no hay nadie dispuesto a gastarse ese dineral en mí.

Nos han metido en la cabeza que las joyas están hechas para las mujeres. Que un collar viste un escote, o unos pendientes mejoran un peinado. Pues yo, no lo creo.

3- Soy una fanática de los zapatos y las zapatillas de deporte. Solo un apunte, odio las que son de rejilla para que sean transpirables. Y si son blancas, has dado en el blanco. Valga la redundancia. ¡Que le corten la cabeza al regalador!

4- Los sobres sorpresa de mi infancia me volvían loca. Los cofres cafres que han inventado para que la peña no se curre los regalos me parecen lo peor. Y un regalo envenenado. Te obligan a hacer cosas sin querer. Aunque sea un vuelo en globo por Lillo. Que no, ¡coño!

5- Ropa de Zara. Y que Amancio Ortega me perdone. Pero tengo mis razones. La primera que no hay tallas para mi curvilíneo y rechonchete cuerpo, y la segunda, que no soporto que vayamos todas vestidas de uniforme. Sobre todo, porque si me encuentro con una persona que lleve el mismo pantalón que yo, pero con tres tallas menos y diez centímetros más de altura me voy a cagar en todo lo que se menea. Que luego juegan al “Quién lo lleva mejor” y me toca perder.

6- Utensilios para el hogar. Léase una batidora, una manteleria, un cuchillo eléctrico… Eso no es un regalo. Y punto. Ni una vajilla tampoco. Aunque sea de La Cartuja. De eso ya me encargo yo, gracias. O si me veo muy apurada, me caso de nuevo y abro lista de compra en el Carrefour.

No me gustan los cacharros de cocina que me estallan en la cara

7- Cosmética. ¿Me estás llamando vieja? ¿Necesitas ocultar mis arrugas ante tus bellos ojos? No. Ni la crema del Lidl ni la de La Perla. Seré rara, pero hay regalos que no me lo parecen. Está posicionado en el número siete, pero podría moverlo mucho más arriba dentro de estas 10 cosas que nunca debes regalarme.

8- El libro de un famoso/celebrity/influencer. ¿Estamos mal de la cabeza? Esa gente no escribe. Gana dinero por poner su conocida cara en una portada. ¡Y a hacer caja! ¿A mí que mierda me importa la vida de Belén Esteban? ¿Qué me aporta la corta carrera de la última semifinalista de OT? Con la de escritores buenos que andan por ahí muertos de hambre porque nadie los conoce aún… Grábalo a fuego en tu corazón: nunca debes regalarme bazofia literaria.

9- Ropa interior. Lo dejo casi para el final porque muchos os preguntaréis quién me puede regalar ropa interior. Ahora no porque no me tocan ni con un palo, pero lo han hecho… y ¡talla equivocada! Cuando tu pareja te obsequia con un sujetador sexi varias tallas por encima del contorno de tu pecho, te está mandando una clara señal de la poca teta que Dios te ha dado. Y no es solo una cuestión de que el tamaño importe, ¡que si importa! Es que los encajes pican, las braguitas brasileñas terminan engullidas por el culo y molestan una barbaridad y los tangas y las hemorroides son enemigas acérrimas. Nada como una buena bragaza de algodón. El antisexi ha venido para quedarse.

¿¿¿Que no tienes una talla 105???

10- Flores. Lo sé. No me lo digas. ¡Mátame camión! No me malinterpretes, adoro las flores, pero las quiero vivas, sin cortar, en la naturaleza… Flores silvestres, amapolas, margaritas, rosas sin un extra de perfume, hortensias de colores, tulipanes en Holanda, geranios en las ventanas. Pero con riego, raíz y vida. Que el ciclo de la vida se encargue de ellas, no tus tijeras.

Ya lo dije en una ocasión, a mí me hacen feliz las cosas pequeñas.

Y tú, ¿tienes alguna fobia regaladora? Cuéntamelo por favor. No permitas que me sienta la mujer más rara del mundo.

@mardelolmo

¿Dónde va el tiempo que nos falta?

He crecido escuchando boleros. Antonio Machín amenizaba los viajes en coche, Los Panchos eran religion en casa, y sus canciones siguen marcadas a fuego en mi memoria.

A día de hoy, con esta vida loca, loca, loca, locaaaa, una de ellas debería ser el himno nacional: “Reloj, no marques las horas”.

Porque, como conejos blancos, parece que llegamos tarde a todos sitios.

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EL PEOR/MEJOR VERANO DE MI VIDA

Llámame malamadre, integrante de ese particular club de mujeres que se han unido para decir en alto sobre lo que la mayoría sentimos desde que el mundo es mundo: que nuestros hijos son importantes, pero no lo ÚNICO de nuestras vidas. Yo creo que no han inventado nada nuevo, pero, luchar contra la corriente de la madre perfecta que solo se siente completa cuando lleva un niño colgado de la teta, es toda una osadía. Continuar leyendo “EL PEOR/MEJOR VERANO DE MI VIDA”

Quiero la vida de la Pataky

Seamos sinceras. La envida sana no existe. Existe la envidia verde, la cochina, la mala envidia que te convierte en mala persona… Incluso existe la falta de envidia. Pero no hay nada de sano en este sentimiento. En este pequeño pecado capital. ¿O era venial? No pienso llamar a las monjas de mi colegio para que me lo aclaren. 

Llevo una temporada larga bastante inactiva, demasiado en contacto con las redes sociales y con algunos programas de cotilleo. Me estoy volviendo una descerebrada, en resumidas cuentas.  Continuar leyendo “Quiero la vida de la Pataky”

EL SÍNDROME DE MRS. ROBINSON

Todos los días (o casi) vemos en revistas del corazón y suplementos del hígado parejas con edades muy desiguales.

¿En quién has pensado?

Seguro que en parejas en las que él era mayor que ella. Está asumido que esa situación es la normal.

Y luego está Demi Moore, a la que todas envidiamos y criticamos por conseguir ligarse a Ashton Kutcher. Que está para hacerle un tremendísimo favor… Continuar leyendo “EL SÍNDROME DE MRS. ROBINSON”

Hasta el moño de retos virales

Sí señoras y señores. Estoy de mala leche. Será injustificado, pero como estoy en esa edad en la que no tengo el “chichi pa farolillos“, digo y hago lo que me sale del moño y me preocupa una mierda lo que me digan los demás. 

Soy relativamente fan de las redes sociales. Me divierten a veces, otras me sorprenden, me ayudan a encontrar amigos de la infancia para cotillear cómo han envejecido de bien o de mal y, a veces, hasta me han hecho compartir cosas que de verdad quería que  mi mundo supiera.  Continuar leyendo “Hasta el moño de retos virales”

La belleza de lo inerte. Lo muerto, hablando en plata.

El otro día, una querida colega de sufrimiento bloguero, hablaba sobre la belleza de esas cosas en desuso, viejas, desgastadas, incluso abandonadas en muchas ocasiones.

Razón no le falta. Ahora bien, yo no digo que esta pseudo tendencia esté bien. Porque no nos engañemos, como casi todo en la vida, esto es una moda. Lo que no sabemos es si es pasajera o se va a quedar con nosotros por los siglos de los siglos. Continuar leyendo “La belleza de lo inerte. Lo muerto, hablando en plata.”

Enamorada de la moda juvenil

Después de la resaca electoral, deberíamos empezar la semana con filosofía. A pesar de que recuerdo con horror las clases de esta asignatura,  me quedé con dos tonterías que me hicieron mucha gracia: el mito de la caverna, de Platón y las múltiples personalidades que parecíamos tener todos según el enfermo de Freud: el ello, el yo, el superyo… ahí todo el día peleando por lo que vemos, sentimos y creemos ver o sentir. Es lo único que me pareció muy interesante durante mi etapa de estudiante. Pero al llegar a los 50, me temo que Freud tenía un poquito de razón. Continuar leyendo “Enamorada de la moda juvenil”

Señor, llévame pronto…

Lo peor de cumplir años no son las arrugas, es que tu vida, día a día, se convierte en algo más “escatológico”.

Además de los pelos fuera de lugar, que tu olor corporal cambia (el mío a gorda), que tus partes bajas pasan de ser marisco fresco a sardina de cuba y que estás más blanda que un plato de gelatina, por si no tuviéramos bastante con todo eso, la medicina nos humilla un poco más…. Continuar leyendo “Señor, llévame pronto…”

Yo al campo. Tú a la ciudad.

Seamos sinceras hermana. Nos llevamos tan tan tan bien, porque somos muy distintas y nos complementamos. A simple vista somos iguales, pero en el fondo, polos opuestos. O así lo veo yo. Por ejemplo:

  • Yo soy de campo. Tu de ciudad.
  • Te encanta ir de tiendas, ver escaparates. Yo en cambio, prefiero comprar por internet con tal de no tener que pisar una tienda. Me lo compro todo con tal de no llevar la contraria.

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