El día en que me pasé a la bragafaja

Existe una evolución en mi historia con la ropa interior. De las braguitas de algodón con algún toque floral o fruta muy discreto (el blanco inmaculado era la única opción viable por tradición) pasé a ropa de tejidos más sintéticos y más ajustables. Los pantalones que llevaba eran casi una segunda piel y no debería notarse la pata de la braga. 

Un aciago día una compañera de trabajo me dijo que debería pasarme al tanga, que era horrible que la gente notara tus bragas debajo del pantalón. Continuar leyendo “El día en que me pasé a la bragafaja”

Compradora compulsiva y acumuladora

Yo, que siempre he presumido de ser muy racional con las compras, he bajado la guardia. También es cierto que el sector crítico de la familia, que en todas hay uno, afirmaba que no es que tuviera bien puesta la cabeza, sino que era una tacaña. 

Obviando estupideces y envidias, tengo que reconocer que he tirado por tierra mi fama, y me aterra el placer que encuentro en comprar cosas que luego no siempre utilizo y que en muchos casos no necesito.  Continuar leyendo “Compradora compulsiva y acumuladora”

YO TENGO HUEVOS. TÚ TIENES HUEVOS

No voy a entrar en la guerra de sexos. Nací en el 68 así que soy más de proclamar el lema de “MAKE LOVE, NOT WAR”.

Pero hay que empezar a destruir barreras, empezando por el lenguaje.

Se han escrito miles de páginas sobre lo guay que es “ser la polla” y lo chungo que es “ser un coñazo”. Esto lo dice todo…

Pues hay que cambiarlo.

¡YA!

Tengo datos “casi” científicos basados en tests de cercanía realizados en entornos laborales y familiares durante años por centenares de miles de féminas.

Vamos, lo que viene siendo las conversaciones entre mujeres. Estos son los resultados. Continuar leyendo “YO TENGO HUEVOS. TÚ TIENES HUEVOS”

Somos muy de pueblo

Hace más de cuarenta años que dejé atrás mi pueblo. Nací en un lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo: Valdepeñas. Hoy, a diez días de cumplir cincuenta, sigo siendo muy de pueblo. Quiero, a veces, ser como Lydia Bosch. Con su voz meliflua. A mí, ese tono solo me sale en los ascensores o cuando hablo por teléfono. Siempre que no sea un tipo que trabaje como operador de televenta, que entonces, muerdo con palabras. Continuar leyendo “Somos muy de pueblo”