Sombra aquí, sombra allá

A pesar del título, lamentablemente no voy a daros una clase magistral de maquillaje. Es más, creo que si os la diera, acabaríais todas convertidas en una parodia de Ronald McDonald, el tétrico payaso de McDonald’s, que me da más miedo que el de “It”.

Hoy quiero hablar de las luces y sombras que rodean el maravilloso mundo de la experiencia laboral. 

Tiene gracia que lo haga yo, que hace meses grité ¡basta ya! y me largué con lo puesto. Y una bonita indemnización por 15 años de servicios, eso sí.

Desde ese día estoy tratando de reinventarme. Me niego a tener que vivir una vida menos plena por el mero hecho de no tener 30 años ni ganas de comerme el mundo con todos sus habitantes dentro. 

Quiero que se sepa, y por eso lo digo bien alto y muy clarito, que estamos rodeados de empresarios gilipollas. 

No hablo solo de mi experiencia personal, que la tengo, sino de la de muchas mujeres de mi entorno, que con más o menos años que yo, están sufriendo el mismo síndrome. Ese de mujer bayeta del que ya hablamos hace meses. 

Cuando mi padre trabajaba y yo no, recuerdo que le escuchaba con bastante frecuencia una frase que ahora necesita explicación: “la experiencia es un grado”. Ahora la experiencia es un hándicap, una razón más para que nadie te llame, un motivo para ignorarte y humillarte porque se creen que unas invisibles esposas te atan de por vida a tu puesto de trabajo. Conscientes de lo difícil que es no ser millenial y encontrar un trabajo digno. 

Nos presionan con cambios organizativos imposibles, nos arrinconan detrás de biombos formados por jovencitos imberbes sin experiencia pero con mucha hambre. Hambre de comerse el mundo con todos sus habitantes dentro. 

Si encima el empresario es hombre y tú mujer añosa, es más que probable que sea otra mujer mucho más joven la que le anule el sentido común y la sensatez. Pondrá a los pies de su Lolita particular su propia cabeza con tal de no perder a la bella empleada, aunque el trabajo se lo haya hecho y arreglado la mujer madura y fiel que nunca le mentiría ni haría nada que fuera perjudicial para la empresa. 

No creo que un piropo sea micromachismo, no creo que los gallos violen a las gallinas, pero sí creo en la discriminación femenina una vez que te persigue la menopausia. Y me cago en todos los muertos de esta mierda de invento. ¿Para qué nos animaron a ir a la Universidad? ¿Para seguir criando hijos y retirarnos a tiempo para dejar el camino libre a alguien más joven que yo? ¿Por qué estorbamos cuando cumplimos años? ¿Se puede mantener un país de viejos cuando uno llega a la mitad de su vida? Yo hago las cuentas y los números no cuadran. Nos vamos a la mierda, aviso.

Maldigo el engaño de la liberación femenina que multiplicó por cinco nuestro trabajo. El de las de nuestra generación. Mi hija, mis sobrinas, las hijas de mis amigas y sus sobrinas son mucho más listas. Han aprendido de las gilipollas de sus madres y tías. Esas que valen su peso en oro (si estás muy delgada multiplica tu peso por dos) y las están haciendo invisibles. 

@mardelolmoescritora

¡Joder con él temita hermaaaaa! Me duele en lo más hondo y lo sabes…

Pero tengo hijas casi de la edad de mi jefa y me veo en la obligación de defenderlas…

Reconozco que durante toda mi vida mi trabajo ha sido una de mis pasiones. Hasta ahora… Siempre decía que si me tocaba la primitiva seguiría con mi trabajo porque este me hacía tremendamente feliz. Hasta ahora… Tengo una vida laboral larga y productiva y casi siempre me he sentido valorada. Hasta ahora…

No creo que toda la culpa de lo que sentimos sea de la juventud arrolladora y ambiciosa, creo que es más un problema de directivos (hombres, claro).

La edad es un grado, pero el físico en un primer momento abre puertas… No es lo mismo acudir a una reunión con una abuelita que con alguien fresco y lozano, fundamentalmente porque seguramente a quien tengas enfrente va a estar mas cercano a la edad de tus hijos que a la tuya y desgraciadamente no vamos en la misma onda…

Para empezar está esa seguridad de la juventud, ese creerse siempre en posesión de la verdad que nosotras, inseguras por educación, no hemos tenido nunca… Si lo que te dicen te parece un disparate e intentas que varíen su idea inicial, en vez de escucharte levantan un muro… Y a mí el cuerpo me pide arrear una colleja!!!

Creo que nosotras también nos apartamos, como se intenta tapar todo lo feo, para que todo parezca perfecto en cualquier situación… ¿Que importa que eso suponga que tú te hundas en un pozo? Siempre habrá medicación que te haga ver las cosas con distancia para no asumir esa dura realidad…

Y está genial que te digan que tienes que reinventarte, que corras detrás de tu sueño (cosa difícil con la artritis de las rodillas), que luches por buscar tu sitio (¿en el fondo de un armario?), que no escuches a quien te corte las alas….

El mundo actual es como es, y los jóvenes son resultado de la educación que les hemos dado… No podemos quejarnos de lo que hemos ayudado a construir.

Así que yo ya he asumido que el mundo laboral “no es país para viejos”

La pena es que me toca currar al menos otras 11 años para ver si llego a cobrar pensión….

Lou