Si estás piripi, aléjate del “selular”

En mi familia hay una femenina propensión al alcohol. No como para acabar en Alcohólicos Anónimos, pero sí para sobrellevar algunas de las cosas que se nos hacen bola en la vida.

Yo tengo la suerte de tener dos hijos en la maravillosa edad de la adolescencia. Todo son granos y subidones hormonales que desestabilizan la vida familiar y la paz espiritual a golpe de portazo. Cuando me entran ganas de hacer un genocidio aborrescente, sonrío y me cojo una Mahou de la nevera. O del congelador. Todo depende del tamaño del cabreo. Cuanto más gordo, más fría tiene que estar la cerveza. Así de básica soy yo. 

Como todo en la vida, la anestesia de la razón, tiene su lado negativo. 

Cuando bebo me vengo arriba. Se me suelta el ingenio, la seguridad en mí misma y a veces la tripa. Pero eso no viene al caso ahora. Lo que sí viene a cuento es que antes de abrir la lata debería apagar el móvil. No hay que hacer nada con ese trasto mientras estás piripi. Y yo, como las buenas mujeres de talla 36 (aunque la mía sea la 46) con pisar la chapa ya me ha hecho efecto el alcohol. Al primer sorbo la puedo liar parda. 

Ejemplos prácticos: 

  • Venir de la fiesta de Navidad de la empresa, haber bebido poco para controlar delante de todos los compañeros, pero relajarse en casa con un par de cervezas mientras le cuentas a tu marido lo mamonazo que es el jefe (todos lo son alguna vez) y contestar al chat de whatsapp que han montado los millenial del departamento con toda la mala leche que te conceden tus cincuenta bien plantados. Mal, mu mal, mu mal. Si nunca hablas, es el peor momento para hacerlo.

  • Aperitivo con los amigos. La conversación te deja de interesar pero llevas tres vinos blancos. Coges el móvil y cotilleas el Facebook. Tu primer novio es amigo tuyo, pero solo lo tienes para darte cuenta de lo afortunada que eres porque te dejó con 19. Era muy celoso, se ha puesto tocho y encima es un radical que te cagas. Cuelga la foto de su enésima pareja, que ahora se parece bastante a la asistenta de tu vecina y con los efluvios del alcohol le dejas un comentario que no puedes borrar. “Jorge, enhorabuena, buena elección. Con esta no creo que te coman los celos. No se la comerían ni los cerdos”

  • Un segundo magnífico gin tonic en la terraza de casa preparado por tu maravilloso marido que te lo deja encima de la mesa y se va a dormir. Tus amigos de toda la vida, la pareja  a la que has envidiado por su amor eterno, se acaba de separar. Les mandas un mensaje mandándoles a la mierda por arruinarte las noches de sábado de dobles parejas, condenándote al ostracismo casero con un marido al que le gusta la juerga menos que madrugar los lunes. Te quedas sin amigos de un plumazo.

Gracias a Dios, el señor del WhatsApp ha debido tener alguna experiencia parecida y se ha pensado muy mucho lo de la permanencia de los mensajes. Ahora puedes borrarlo.  Aunque dejes pruebas. Siempre te queda la excusa que todos usamos: Perdona, ese mensaje no era para tí. Me confundí de chat. 

Así que no hay que mezclar. Ahora que ya he escrito esto, me voy a tomar una birra. A vuestra salud.

@mardelolmoescritora

Que este blog llegue tarde es culpa mía 100% y también por culpa del alcohol en gran parte!! Lo único malo, es que no he sido yo la consumidora….

La verdad es que a mi me gusta a rabiar la cerveza (si nos leyeran, nos deberían patrocinar los chicos de Mahou) pero no suele darme por participar con comentarios en los grupos de WhatsApp después de unas cervezas!!

No es que no me guste comunicarme ¡todo lo contrario! Pero como tengo unos dedos como un muestrario de morcillas de Burgos, cada vez que intento responder, tardo media vida en escribir un mensaje…

Quiero dar a una letra y me sale otra, así que entre borra y escribe, cambia y vuelve a escribir me acabo desesperando…. Pensaréis que para eso está el corrector, pero el corrector llega hasta donde llega…

Un ejemplo, trabajo organizando eventos, una Navidad estaban decorando una fiesta que yo organizaba y la empresa que lo hacía me preguntó dónde iban unos cojines…

Mi respuesta: Los cojines son para el poyete

Lo que recibió: Los cojones son para el potente

¡Menos mal que se lo pasé a una proveedora y sin embargo amiga! Porque… ¿qué hubiera pensado el cliente si le mando el mensajito?

¿Hubiera pensado que era una insinuación? ¿O tal vez que le estaba tachando de “manso”?

Y pensaréis como mis hijos, que puedo usar los mensajes de voz…. ¡ay amigas, pero eso también me cuesta!!

No sé qué carajos me pasa, pero siempre se me corta a la mitad, y aunque me han contado lo de mover hacia arriba el botoncito….

¡NO ME SALE, COÑO!

Así que, si bebo, no tengo problema con meter la pata con el móvil, como mucho podría escribir fzhiiiomtqgbi jufwrrhn o algo similar

YO SI LA CAGO, ES EN VIVO Y EN DIRECTO, NO NECESITO REDES SOCIALES NI TELÉFONOS ¿INTELIGENTES? PARA ESO!!!

Lou