Ni blancos ni negros, de mi color

Estoy que hiervo. Y no es solo la ira. 

Algunos lo llaman sofocos. Yo, llamaradas. Por intentar echarle humor a esta mierda de cumplir años, que tiene muy poca gracia en muchos momentos.

Para los ratos en los que me lo paso genial tengo mis compresas para pérdidas de orina. Lo de leves… es otra historia. Yo cuando lo hago, me meo viva. No me van las cosas a medias.

Pues resulta que hoy buscaba un destornillador pequeño para apretar los tornillos de mis gafas de PRES.BI.CIA. Lo último en moda ocular añosa. En su lugar me he topado con una foto mía de hace unos doce años y, de repente, ¡yo era un pibón!

¿Lo más triste? Que nunca lo supe, que jamás me lo creí. Que tenía complejos hasta por las uñas de los pies. Y no es una expresión. Es literal.

Hace ya tiempo que mis maravillosos abdominales se escondieron debajo de la grasilla de mi abdomen. Una vez superado, sigues avanzando, porque he oído y leído hasta la suciedad, que me tengo que querer a mí misma y pasar de cánones de belleza y opiniones ajenas.

Mi cabeza repite como un mantra esta afirmación, pero hacen falta muchos años para derribar lo construido interna y externamente durante muchas generaciones.

Tengo una conocida que siempre me dice que hay que saber envejecer con dignidad y algún retoque. Es importante decir que tiene una clínica estética y que me mira con cara de “te hacía yo un arreglo que paqué”. 

Al final he encontrado el destornillador y he vuelto a lo que debería haber hecho sin distracción.

Con las gafas puestas, idiota de mí, me he mirado al espejo, y ahí estaba. Tieso, arrogante, enhiesto, todo su poder desplegado frente a mí: ¡un pelo NEGRO en la barbilla! 

Pero, ¿por qué Señor, por qué? ¿ Por qué me sale esto ahora que no veo de cerca? ¿Y si un día se me escapa y me voy con él a trabajar? ¿De qué van a servir mis trenzas y mis Dr. Martens si voy con un pelángano tieso y negro en la barbilla como las brujas de cuento?

No quiero ofuscarme, así que voy a disfrutar de mis axilas sin pelos, que para eso me regalé de reyes el año pasado una maravillosa depilación láser. Y no me he quitado las gafas, así que al trasluz lo veo ahí, tieso, arrogante, enhiesto, con todo su poder desplegado frente a mí: ¡un larguísimo pelo BLANCO en la axila izquierda!

Me cago en sus muertos, en los de Mendel, en Llongueras y en los de Casa Tarradellas porque me encantan sus anuncios. 

¡Que no los quiero! Ni negros ni blancos. Solo de mi color, ese que ya ni sé cuál es desde que tiño mis canas del que recordaba tener.

@mardelolmoescritora

El problema de cumplir años no es solo el color de los pelos… ¡ES DÓNDE TE SALEN!

Y hay que reconocer, que, en eso, la naturaleza sí es equitativa…  A mí me salen pelos de la nariz (hasta el punto de que mi hijo quiera compartir con sus amigos un vídeo sobre el tema) … ¡pero he visto hombres que tienen una escobilla de wáter saliendo de la oreja!

Y hay sitios en los que los pierdes, que te ahorras la depilación en “zonas sensibles”, y eso está muy bien…

El espejo no es mi enemigo, ¡es mi ignorado! ¡No lo uso porque no reconozco a la vieja que me mira detrás del cristal! En mi mente, sigo siendo la loca divertida que era con 20 años… creo que sigo siendo igual de divertida y algo más loca, pero las arrugas hacen que la gente lo vea diferente…. Eso no hace que me quiera menos, me aprecio más, porque sé el esfuerzo que me ha costado llegar hasta aquí, cuando hubiera tirado la toalla cientos de veces, sobrepasada por la situación…

Hasta me parece atractiva la pelusilla rubia que cubre mi labio superior (que conste que nunca me he depilado el bigote… ¡en mi vida!) y es que ahora, con los pelos cada vez más claros, cuando se hace más evidente por el brillo que refleja cuando el sol o la luz incide en mi rostro… Después de un timo por el que pagué 300 € para eliminar mi “pelusilla” sigo teniendo la misma exuberancia capilar debajo de la nariz…

¡Pero lo que más me jode es oler a gorda! No huelo a sudor, porque gracias a Dios aún no sé lo que son sofocos, pero mi cuerpo se ha vuelto hipersensible al calor y no huelo a choto… ¡HUELO A GORDA! Y eso sí que me jode… ¡CON LO QUE ME GUSTA COMER!! (y más beberrrr…)

¡¡BENDIGO A LA MENOPAUSIA POR HABERME HECHO OLVIDAR EL SANGRADO MENSUAL Y LA MALDIGO POR LOS KILOS Y PELOS EXTRAS!!

Definitivamente, es una gran paradoja, con amor-odio a partes iguales…

Lou