Mujer bayeta

Es triste, pero pienso que el género femenino, sobre todo las de mi generación, somos un poco “mujer bayeta” …

Me explico: por mucho discurso feminista que nos marquemos, por mucha manifestación y mucho empoderamiento, dejamos que la gente a la que más queremos nos estruje y nos machaque, nos utilizan hasta dejarnos rotas, y si fallamos, nos sentimos sucias y babosas y pensamos que sería normal que nos cambiaran por otra…

Somos una generación que se sentía “liberada” por poder salir a trabajar y “librarse” así del yugo del hombre…

¡ILUSAS!

Por trabajar fuera de casa, no nos hemos librado de nada, porque en general, el 90% de las tareas de la casa y del cuidado de los hijos, sigue recayendo sobre nosotras. Y del hombre, mucho yugo no soportamos, generalmente lo compartimos y nos corresponde a nosotras la tarea de dirigir la yunta…

Como decía la madre de una buena amiga, en realidad somos unas pringadas, porque estamos pluriempleadas por un mísero sueldo (en general un 35% inferior al que recibirías sí, anatómicamente, estuvieras dotada de 10 cms de piel y cuerpos cavernosos en el sitio adecuado…).

En el trabajo, la mayoría, nos dejamos el “lustre” para que todo sea perfecto, absorbiendo y asumiendo más de lo que podemos, permitimos que nos estrujen al máximo, nos retuercen hasta que estamos con la lengua fuera y cuando estás vieja te desechan y te cambian por un plumero, que ya no absorbe, pero quita el polvo y estéticamente es mucho más bonito…

Como madres nos pasa lo mismo, y ¡es aún peor! Cuando tus hijos son pequeños limpias mocos y porquería por doquier, para que a su alrededor todo esté impoluto y sea brillante… ¡y ellos también deben brillar!

Te dejas la piel (y el sueldo) para darles la mejor educación, los mejores colegios, experiencias que les hagan crecer como personas, tiempo de calidad, ya sea jugando con ellos o haciendo(les) los deberes…

Todo ese esfuerzo, para que, cuando son adolescentes, arrojen sobre ti toda su mierda, cuestionen tu forma de “limpiar” sin estar dispuestos a dar ellos ni una “pasada”.

Si te ven sucia, lo que quieren es apartarte… es demasiado trabajo tomarse la molestia de ponerte a remojo en agua caliente para que puedas desprenderte del mal olor y conseguir “esponjarte” otra vez para estar como nueva…

¡HIJOS DEL MUNDO: HAY MUCHAS VIDAS EN UNA BAYETA!

Así que, no las menosprecies, trátalas con mimo y te durarán casi eternamente, y de vez en cuando no estaría de más que la pasearas, para que, por una vez, ella también sienta la ilusión de ser plumero…

Lou

Bayeta. Bonita palabra. Hay personas ahí fuera que dudarían de la ortografía a la hora de escribirla o deletrearla. Sí, Lou, somos bayetas. Y unas más limpias y nuevas que otras. Hay días de bayeta, otros de felpudo, la semana del puching ball, el mes del trapo del polvo…

Me he preguntado mil veces por qué nadie te avisa de la crueldad de los hijos. De su egoísmo. De su ceguera existencial.

Nos venden una mierda de cuento de hadas que nos frustra cuando intentamos hacerlo realidad. No somos Bellas Durmientes. Yo por lo menos. Me parezco más a un buque de guerra soltando cañonazos. Tengo aerofagia nocturna.

No soy Bella enamorada de Bestia. Mi marido puede ser muy bestia, pero más hablando y rompiendo cosas que ese leoncito refinado con su traje elegante y su melena despeinada en su castillo impoluto.

No soy Cenicienta que limpia su casita con la ayuda de unos pájaros que no cagan dentro ni fuera de casa y unos ratones que se tapan las tetillas y la calva y no los huevos. Mi hada madrina sería adicta al crack, porque esta broma de hijos adolescentes no tiene ni puta gracia.

SE LO HE DADO TODO. TO-DO.

Y ellos a mí.

Toda su mierda. Todos los disgustos que os podáis imaginar. Todas las decepciones que caben en una o dos vidas. Y se arrepentirán. Como lo hago yo cada día. Por no haber sido la bruja de cuento que tocaba y creer en el diálogo. Que no. Que hemos visto demasiadas películas americanas. Pero allí se habla y a los 18 se van de casa. Aquí se habla y a los 30 no los echan de casa ni los GEO.

Me gustaría agitar sus mentes y sus cuerpos como si fuera un cóctel de James Bond. Que reaccionen. Que dejen de ser tan estúpidos. Que abran los ojos y vean el mundo como es en realidad. Que vapuleen a Rita la Cantaora y no a mí. Su madre, su bayeta, su felpudo, el trapo del polvo, el pañuelo de sus lágrimas, la maleta de sus ilusiones, la hucha de su infancia, la que atesora los recuerdos y los guarda como el Gollum su anillo. Su tesoro. Mis tesoros. Mis niños. Mi dolor. Mi desesperación.

Mar