Mamá, eres un coñazo

Hace años que escucho esta frase como un mantra. Sale de las boquitas de mis adorados retoños, que nosotros tenemos una relación maternofilial muy a la americana, y me pueden decir lindezas de este calibre sin que yo les suelte un buen sopapo, que era lo que se llevaba en los 60.

A mí me gusta analizarlo casi todo. Sobre todo si se trata de un ataque personal. El lado masoca lo tengo muy desarrollado. Así que tras meses de concienzudo examen de conciencia y situaciones, he llegado al fondo de la cuestión. 

Y quiero pedir públicamente perdón por estas situaciones en las que amargo la existencia de mis dos angelitos:

  • Cuando les pido que no dejen las botellas de agua vacías. Odio el agua del tiempo, y ellos deberían saberlo por repetición. A día de hoy lo digo una media de tres veces diarias y sigo bebiendo agua recién salida del grifo. ¡Pobres niños!
  • Intentar convencerlos de que hay que limpiar el cenicero de colillas a diario. Su padre no ha fumado en la vida y yo lo dejé hace diez años, por lo que el olor de tabaco rancio quemado nos produce náuseas. Hace escasos minutos he visto el resultado del día de ayer. Dejé de contar cuando llegué a diez.
  • Explicarles reiteradamente para qué sirve el cesto tan bonito que hay en su cuarto de baño y que siempre está vacío. Es para la ropa sucia niños, esa que ronda libremente por vuestros dormitorios durante toda la semana hasta que me pongo marcial. Con lo que odio gritaros…
  • Si me niego a pedirles hora en el médico. Solo tienen 20 y 18 años y soy tan bruja que les paso el teléfono del especialista en cuestión para que llamen ellos. No tengo perdón de Dios. ¡Ah! y no llaman y no van. ¿Es posible que estén incubando una enfermedad letal y yo no les estoy llevando de la mano al señor doctor?
  • Por no hacerles la cena a diario mientras ellos se van a tomar algo con los amigos. Llegan cansados y con una cerveza en el cuerpo y les da mucha pereza cocinar. 
  • Exigirles que recojan la cocina después de cocinar. A veces es para ellos solos y otras veces traen unos cuantos amigos (sin preguntar) para asaltar mi maltrecha nevera. El menú suele ser una fantástica fritanga con grasa hasta el techo, o una pasta con tomate frito recalentado en el microondas, pero sin tapa. Dejando el interior como un bonito vestido de flamenca, lleno de lunares. ¡Olé!
  • No darles dinero para salir de fiesta o para tabaco. A ellos, que son tan felices bailando ese ruido infernal que escuchan y saliendo a fumar a la puerta para coger aire. Soy cruel. Definitivamente.

Hasta ahí llegué en mis dos minutos de reflexión profunda. Y de verdad que lo siento. Porque no estoy EN ABSOLUTO ARREPENTIDA. Porque voy a seguir haciéndolo y cada vez más. Hasta que venza en esta dura batalla que es la crianza del aborrescente nini. Solo puede quedar uno, y está claro que voy a ser yo

@mardelolmoescritora

MAMÁ, ERES LA MÁS!!

Hay distintas formas de educar… Hay madres que son un peñazo cuando son mayores y otras que lo hemos sido cuando eran pequeños…

En su más tierna infancia, mis hijos han tenido que aguantar azotes en el culo, gritos hipohuracanados y castigos desproporcionados… Los pobres se preguntaban por qué habían nacido en mi casa y no en la de mi hermana, donde siempre sobraban planes divertidos y faltaban castigos…

Yo he sido la bruja Averías sin rastas… Dura como el pedernal hasta que cumplieron 8 años, en ese momento ya eran lo suficientemente inteligentes para conocerme, y valía una sola mirada para que supieran lo que esperaba de su comportamiento…

Me he equivocado muchas veces, y he sabido pedirles perdón. Siempre he intentado explicarles que la vida no es fácil, que las cosas hay que ganárselas, porque lo del “porque yo lo valgo” no funciona ni en la publicidad….

Hemos peleado muchísimo, pero mirando hacia atrás, creo que el camino ha sido duro, pero ha merecido la pena…

Una de mis hijas me considera “la más”, en todos los campos…. y es una responsabilidad que a mi edad pesa…

Porque tengo que ser ingeniosa, original y divertida cada momento… ¡SOBRE TODO SI TRAE AMIGOS A CASA!

Y no siempre es fácil… Hay que ser consecuente, que lo que predicas coincida con tu forma de actuar para que nunca te pillen en un renuncio…

Pero por duro que haya sido el camino, por mucho que me arrepienta de determinados momentos… CADA MINUTO HA MERECIDO LA PENA.

Porque mis hijos son mi mayor orgullo, apéndices de mí misma que me sobrevivirán… Buenas personas, honestos, empáticos, alegres y respetuosos…

Chicos “educados a la antigua” pero sin traumas, orgullosos de su familia y de lo que son y conscientes de que sus padres hemos contribuido en gran parte a construir las personas que son ahora…

Y creo que, al menos la mayor va a seguir mis pasos… ¡PORQUE ES GRACIOSO VERLA ECHAR LA BRONCA A MI SOBRINO PEQUEÑO PORQUE NO RECOGE SU PLATO, CUANDO ELLA NO DA UN PALO AL AGUA!