LOS HOMBRES QUE ME GUSTAN

Mis gustos en materia de hombre son, por llamarlo de alguna forma, peculiares…

Cuando a la mayoría de mis amigas normalmente se vuelven locas por macizorros con tableta de chocolate, guapérrimos a medio hacer, pero con pinta de dioses griegos, o en su defecto todo lo contrario, hombres mayores y con mucha pasta, interesantes, aunque peinen canas tipo Flavio Briatore (vestido… ¡por supuesto!) si os digo quien me gusta ¡alucináis!

¡ME VUELVE LOCA ANTONIO OROZCO!!

Aunque canto como el culo, he llegado a plantearme ir a La Voz solo para recibir uno de sus abrazos… ¡Es como un osito! Y estoy segura de que dejar que te arrope con sus brazos debe ser igual de energizante que abrazar un árbol.

Me vuelve loca, aunque sea mucho más femenino que yo, sus modelos imposibles, sus modales impecables, su sensibilidad siempre a flor de piel y esas frases lapidarias que se marca al valorar a los concursantes.

Me apasiona que sea capaz de compartir sus miserias, que agradezca a Fonsi ante millones de espectadores que le ayudara en un mal momento económico, que llore y se desgarre por la muerte de la madre de su hijo a pesar de llevar años separados, que alucine con cada cosa que hace su hijo como un padre cualquiera, que siempre pensamos que como el nuestro no hay otro…

Pues eso, que pienso en él y me tiemblan las canillas…

Eso sí, no son pensamientos de dos rombos, son más bien rollito adolescente, sentados al borde de una piscina, yo con un refresco en el mano, mientras él canta y toca la guitarra y yo babeo…

Porque este chico suena a verano, y a mí me encanta el calorcito estival y el de la buena gente.

Lou

Querida hermana, otra vez estamos un poco de acuerdo. Aunque, yo diría que depende de para qué, me gustan los hombres de un tipo u otro.

Yo a Orozco me lo llevaba a casa y le haría la cena todas las noches, me gustaría arroparle y cuidarle. Porque tiene un corazón enorme y una sensibilidad maravillosa. Sin etiquetas. A mi también me gustaría pasar más de 9 segundos dentro de uno de sus abrazos.

Pero no siempre quiero jugar a las mamás. De hecho odio ser la madre de un hombre. Si tengo que ser su madre es que no lo es. Y aquí es donde entra el otro tipo de hombres que me gustan: los de verdad. Los que asumen que el hecho de crecer no es solo afeitarse por las mañanas sino asumir que con los años asumes responsabilidades. No solo jugar a ver quien la tiene más larga, que es en lo que suelen perder muchos el tiempo. Pero, ¿de lo mío qué?

Me gustan los hombres cariñosos. Los que te dan un abrazo sin motivo y sin arrimar cebolleta. Uno que te abrace cuando estás triste y te escuche cuando le cuentes tus movidas.

Me gustan los hombres que hablan y comparten sus problemas. Para los taciturnos debe haber un sitio en el cielo también pero yo no pienso visitarlos.

Me gustan sobre todo los hombres alegres. Los que aguantan el dolor mejor que yo. Los que saben planchar y cocinar. Los que me abren la puerta y me dejan entrar antes. Los que tienen más fuerza que yo pero no son unos brutos.

Yo entiendo que está complicada la cosa para el género masculino, pero, hombres del mundo, pensad que nosotras lo hemos tenido muchísimo peor durante siglos y os sentiréis algo mejor.

Mar