LA HERENCIA

“La familia es aquello que queda después de repartir la herencia”

No sé dónde he leído u oído esta frase, pero me ha dejado marcada… ¡porque creo que es totalmente cierta!

Es patético ver como familias, aparentemente unidas, se destrozan por un puñado de euros una vez los progenitores pasan a mejor vida…. (o eso dicen ¡pero como nunca ha vuelto nadie para rebatir esta afirmación, habrá que creérselo!)

Y ahora que lo pienso, me doy cuenta que con la edad mi padre se ha vuelto más rácano… Es cierto que nunca ha sido derrochón, pero ahora mismo es más “agarrao que un chotis”

Pensé que, como las expectativas de vida han aumentado tanto, tenía miedo que no le dé el dinero para vivir con dignidad hasta el final… ¡ERROR!

Resulta que mi padre no es tacaño, es ahorrador porque quiere dejar “algo” a sus hijos… ¡ERROR!

PADRES DEL MUNDO, ¡¡ESTÁIS EQUIVOCANDO EL CONCEPTO!!

Claro que nosotros, vuestros hijos, queremos que nos dejéis algo, pero no es dinero ni propiedades lo que queremos… QUEREMOS VIVIR MOMENTOS CON VOSOTROS.

Porque el dinero se gasta, igual en comida que en detergente, pero los momentos que hemos vivido juntos, quedan para siempre…

Quiero como herencia ¡¡MILLONES DE RECUERDOS!!

De las vacaciones de verano, de las risas compartidas, de los momentos absurdos, de las broncas por ridiculeces, de las anécdotas de juventud, de las batallitas compartidas, de buenos y malos momentos ¡¡PERO JUNTOS!!

Ya somos todos mayores… en realidad, vuestra responsabilidad económica hacia nosotros, debía acabar cuando cumplimos 18 o, alargando la situación, cuando acabamos la carrera, pero os seguís agobiando por construirnos un futuro que puede que no nos hayamos sabido forjar…

Cada uno somos consecuencia de nuestras decisiones, buenas o malas pero nuestras… No tenéis que haceros responsables de nuestros fracasos, como tampoco lo hacéis de nuestros triunfos…

Así que quiero deciros, que os gastéis mi parte de la “legítima” en viajes, y si es conmigo o con vuestros nietos MUCHO MEJOR. Porque un fin de año juntos en un lugar paradisíaco es para siempre, mientras que el dinero dura lo que tardes en gastarlo, y en mi caso, como soy una derrochona me iba a durar dos días…

ASÍ QUE PROCLAMO FORMALMENTE QUE SOLO QUIERO COMO HERENCIA,¡¡¡VIVIR EXPERIENCIAS CON VOSOTROS!!!

Os quiero por lo que sois, no por lo que me podáis dar, así que, por favor, aplicáos el cuento….

Lou

Querida hermana, hoy eres tú la que te has puesto profunda. Ya lo has dicho todo sobre la herencia monetaria, inmobiliaria o, en el peor de los casos, deudora. Que hay padres para todo, no os vayáis a creer y hay quien se lo bebe todo y a sus hijos les cede con gusto las letras sin pagar.

No me enrollo. He dicho que yo voy a hablar de otra herencia: LA GENÉTICA.

Y, ya que has empezado con dichos, hay uno que no sé de dónde leche ha salido, que dice que en una familia, el hijo mayor se parece al progenitor que elige, el segundo hijo, al que le deja su hermano mayor. Y a partir de ahí, mire usted, esto es la guerra. Soy la tercera… ¡ejem!

No hablo de parecidos físicos. Aún los fetos no pueden jugar a ser Dios y moldear sus rasgos como plastilina en el vientre materno. Se limitan a dar patadas para recolocarse. Yo hablo de algo más profundo y menos visible. Hablo del carácter. Y no es moco de pavo de quién de tu familia heredas el carácter. 

En nuestra herencia genética llevamos escrita la probabilidad de ser rubios con ojos azules. Y si sales moreno y con ojos negros, tu madre tiene un papelón difícil de explicar y tu padre de digerir. O bien, al revés. Una familia de color aceitunado que tiene un hijo de tez blancuzca, rubio y con ojos azules… Suena al ideal de belleza nórdico, ¿verdad?. Pues no lancéis las campanas al vuelo tan pronto, que yo conozco alguno que con sus ojos de color lapizlázuli y sus cabellos color trigo en verano es más feo que un tiro de mierda en una sábana blanca. Derribemos estereotipos. Las delgadas no molan tanto tampoco, que lo sepáis.

Hay padres con un increíble sentido del humor. Quieren tanto a su descendencia que desean con toda su alma darles todo lo que tienen. Y es entonces cuando heredas la nariz de loro, que ¿para qué sirve?, decídmelo vosotros. O los tobillos anchos y carnosos, del mismo tamaño que rodilla y muslo. Y ninguno es delgado, por supuesto. Puede que te leguen las hemorroides que es algo que tiene gracia de decir, pero ninguna de sufrir. Ni en silencio ni mierdas. Que no hay pomada que te quite la desazón y el dolor. Que ir a trabajar es un suplicio aún mayor que sin ellas… Bueno, eso me cuenta quien las tiene. No es mi caso, claro. 

¿Se hereda la inteligencia? Me lo he preguntado muchas veces. Pues también. Pero si no la riegas… más yerma que el desierto del Sáhara. Por muy ingeniera que sea tu madre, si no le pones tú horas de estudio, la ESO no sale sola. Doy fe, porque mi hija lo ha intentado durante tres años. Y hasta que no se dio cuenta de que era tan lista como yo pero infinitamente más vaga, no sacó el curso. 

El caso es que es cierto. Somos una familia, fruto de la herencia de nuestros padres. Somos educados. Atentos. Buenas personas. Empáticos. Una piña con los nuestros. Amigos de nuestros amigos. Trabajadores. Divertidos. Cercanos. Con inteligencia emocional. En una palabra, UNA FAMILIA. Y si nuestros padres deciden dejarnos algo más, espero que no olvidemos todo esto y lo sigamos siendo por muchos años más.

Por cierto, Lou, le voy a pedir a nuestros padres que te dejen el recuerdo de la cómoda buena y el cuadro de los toros. Serás feliz y afortunada con ello y yo me llevaré el original. Aunque si ves que se te olvida, puedes venir a casa a recordar. 

@mardelolmoescritora