El síndrome del impostor

La primera vez que escuché hablar de este síndrome me quedé de piedra. Hablaba una psicóloga deportiva, muy rápido, muy claro, y parecía que estaba hablando de mí. 

Por resumirlo en pocas palabras, es esa sensación que tienes de que no estás realmente a la altura en nada de lo que haces, que has llegado donde estás por sucesivos golpes de suerte, pero que en realidad no vales tanto como los demás piensan.

¡¡DEVASTADOR!!

Lo peor de todo, es que un 70% de la población lo sufre o ha sufrido alguna vez en su vida. Si tú no lo has hecho, es probable que estés a punto de entrar en el grupo de los NO ELEGIDOS. 

Si vuelvo la vista atrás, yo no es que lo haya sufrido, es que sigo sintiendo que soy una impostora. 

Acabo de dejar mi trabajo porque creía que no estaba a la altura de lo que se esperaba de mí, que todos mis compañeros eran capaces de hacerlo mejor que yo. Y lo más triste es que este pensamiento negativo se coló entre las rendijas de mi piel y me bloqueó toda capacidad de reacción, de aprender, de avanzar. Y aquí estoy. Con una pila de años, buscando la manera de reinventarme, porque en el fondo de mí misma sé que valgo para hacer un montón de cosas. Y bien hechas. Solo hace falta que los que están al otro lado lo crean tanto como yo.

Quiero llegar al fondo de la cuestión. Saber por qué nos pasan estas cosas.

¿Es acaso un tema cultural?

¿Es esta sociedad que nos lleva, laboralmente hablando, a una competición insana que culmina con la inseguridad de los vencidos?

¿Son los nuevos métodos empresariales para sacar el jugo, hasta la última gota, de sus empleados a costa de lo que sea?

¿O tiene que ver, en el caso de muchas mujeres, de esa estúpida meta de la perfección a la que nos hemos propuesto llegar a costa de lo que sea?

Sea cual sea la causa, quiero salir de esta mierda que no es mía. Soy valiosa. Soy única. Me tengo solo a mí (sí, incluso a pesar de toda la familia y amigos, soy yo y solo yo para vivir mi vida). Quiero descubrir quién soy de verdad sin comparativas.

Porque no soy el contable de mi empresa que maneja los números a la perfección, ni mi amiga la que consigue terminar la dieta con éxito, ni mi marido que hace deporte aunque le cueste la vida, ni siquiera soy mis hijos y sus fracasos. 

Como diría la canción, a partir de mañana… lo sabré.

Mar

Desconocía el término que da título al post, hasta ahora… Pero por desgracia también me siento identificada en este momento…

No creo que no sirva para nada, pero hay veces que mi entorno me hace sentir así… Sensación de que no estoy a la altura, que se espera de mí más de lo que puedo dar, de que haga lo que haga no acierto, de que antes era más brillante, más sociable, más divertida…

No creo que el “problema” esté fuera, está en mí, creo que es fundamentalmente cuestión de actitud, y últimamente estoy vencida…

Una vez más, es cuestión de expectativas… ¿Por qué necesitamos estar “a la altura” de metas inalcanzables que suponemos que nos marca nuestro entorno?

Nosotras somos nuestro principal enemigo, y esa necesidad de ser perfectas en cada situación nos machaca…

¿¿Se puede saber qué coño es la perfección?? Si existe, yo, no la conozco, me parece que solo es una forma de poner obstáculos a nuestra felicidad, una forma ridícula de encontrar siempre un “pero” para no sentirnos cómodas en nuestra piel…

Para mí esta sensación es estacional, me pasa sobre todo en invierno, porque me siento tan gris como el clima…

Pero es llegar el buen tiempo, coger un poco de color, y me parece que soy la hermana gemela de Bo Derek, una mujer casi 10!!

Me veo más alta, más guapa, se me planchan las arrugas y me convierto en un ser encantador que seduce a quien se acerca.

Soy la misma, en invierno y en verano. Y no soy yo la impostora, la impostora es una sociedad que dice una cosa pero actúa de otra manera…

ASÍ QUE DEJADME VIVIR, CON MIS COMPLEJOS Y MIS AIRES DE GRANDEZA

NO ME JUZGUÉIS Y NO DEJÉIS QUE ME JUZGUEN, QUE MI MAYOR ENEMIGO SOY YO Y YA ME MACHACO SOLITA….

Lou