El síndrome de las bragas sucias

Tengo 50 años recién cumplidos y ya me siento atrapada en una edad que no me gusta. Y no es culpa mía.

Es responsabilidad de la sociedad valorar lo vintage. Porque yo no soy vieja, ni mayor, soy vintage. Tengo el toque justo de belleza y antigüedad que da clase y chispa a cualquier reunión. 

Pero no me dejan que me lo crea. MECAGOENTODOLOQUESEMENEACOÑO.

Trabajo desde hace una eternidad en una grandísima multinacional. Esto es como Amnistía Internacional. Lleno de gente de todos los países y condiciones. Hay que estar al día y poner el “check” en los cupos: 

– ¿Mujeres?

– ¡Cumplido, señor!

– ¿Razas?

– ¡Todas, señor!

– ¿Colectivo LGTBI y poliamor?

– ¡Superado el cupo, señor!

– ¿Mayores de 40?

– ¡En peligro de extinción, señor!

Estamos en el rincón, esperando que nos llegue el turno. Como unas bragas sucias rezando por entrar en la lavadora. 

Y no digo yo que todos los jóvenes no valgan. Nada de eso. Pero, ¿qué hacemos los mayores con todo lo que nos queda por vivir, aportar, enseñar, aprender, disfrutar, hacer y contribuir? Cuanto más se alarga la esperanza de vida, más años nos regalan de ostracismo. De inservilismo (aunque no exista el palabro, ya lo sé). 

Me he dedicado más al trabajo que a mis hijos, porque por desgracia, me sentía más feliz y realizada en mi oficina que con mis dos retoños. Tal vez por eso me están pagando con una adolescencia que me está costando la vida entender. Y ahora, no tengo nada. Solo un miedo que te cagas a lo que puede venir. 

Voy a terminar mi segunda novela y a empezar por la tercera. Voy a llamar a la puerta de todas las editoriales para que me las publiquen.

Voy a ir a Sálvame Deluxe a gritar. Lo que sea, allí se grita mucho.

Voy a ser La Terremoto de Alcorcón aunque ni siquiera sepa llegar a ese pueblo porque soy torpe con los mapas y los GPS…

Voy a sentirme una mierda si a partir de mañana no tuviera que madrugar para cruzarme Madrid y trabajar diez horas. Para eso nos han educado. Para no depender de nadie. Para ser mujeres cultas y capaces. Para ser madres, doctoras, psicólogas, economistas, animadoras, amas de casa, cocineras y además profesionales. Y que al final nos den por el orto. 

Mar

AMÉN

Aunque normalmente mi punto de vista sea distinto, ¡¡hoy estoy totalmente de acuerdo contigo herma!!

No puedo entender que en el trabajo nos pongan fecha de caducidad en función de la edad y del físico…

Está claro que con 50 años no eres tan mona como a los 30…. ¡Pero sabes mucho más!

Lo triste es que, a estas alturas, prime el físico sobre el conocimiento…. Y ni siquiera me vale intentar ser una trepa, nadie escucha (y mucho menos se quiere zumbar) a un cincuentona …

Por desgracia, en mi trabajo somos 3 pasados los cincuenta… Pero los otros dos son tíos y jefes, con lo que sus circunstancias son distintas….

Yo, a diario, tengo que tragarme el orgullo y cerrar la boca (¡con lo que me cuesta!) viendo que ahora mi empresa la dirigen treintañeras, con muchas ganas y poca empatía!

No lloro para no hacerlas felices, pero mi nivel de frustración supera todos los límites conocidos!!

¡Que ahora se valora más el postureo, la presencia en redes sociales y los “likes” que el conocimiento y la implicación en un proyecto!!

Yo me siento igual de excluida que el colectivo LGTBI… Es más… ¡solo me siento identificada con la LGTBI!!

Porque llevamos años dejándonos la piel, luchando para que nuestra empresa siga a flote, renunciando a parte del sueldo en tiempos de crisis para garantizar la continuidad de la empresa…

¿Y de qué nos ha servido? DE NADA, porque han llegado las “chicas L’oreal” pisando fuerte, llegando a puestos de responsabilidad sin experiencia y sin esfuerzo…

¡PORQUE ELLAS LO VALEN! Con un par…

Me queda la esperanza de que mis hijas consigan llegar alto en un plazo mínimo, ellas sabrán hasta donde están dispuestas a llegar…

Lou