EL PEOR/MEJOR VERANO DE MI VIDA

Llámame malamadre, integrante de ese particular club de mujeres que se han unido para decir en alto sobre lo que la mayoría sentimos desde que el mundo es mundo: que nuestros hijos son importantes, pero no lo ÚNICO de nuestras vidas. Yo creo que no han inventado nada nuevo, pero, luchar contra la corriente de la madre perfecta que solo se siente completa cuando lleva un niño colgado de la teta, es toda una osadía.

Mis cachorros ya han crecido. Hace tiempo que quieren volar solos en muchos aspectos de sus vidas. Y yo, este año, he soltado amarras. Ha sido una decisión tomada al 50% por egoísmo y necesidad. Cuando pasan los días sin que les veas el pelo, te planteas si es necesario estar en casa cual Penélope, esperando a que decidan acordarse de que existes. Normalmente, solo recurren a tí en caso de necesidad extrema: no hay comida, ha caducado el bono, llévame a…

Y sin dramas, no me vaya a malinterpretar nadie. Es la evolución de la especie.

Así que mi marido y yo cogimos la maleta un buen día de julio y nos hemos pasado CINCO SEMANAS DE VACACIONES. ¿Por qué con mayúsculas? Porque hacíamos lo que nos daba la gana; y cuando nos apetecía. Y ni siquiera era obligatorio hacer los planes siempre juntos. Auténtica libertad. 

Mis hijos me reclamaron en momentos importantes: cuando no había comida, les había caducado el bono o necesitaban dinero para ir a…

Por voluntad propia, los dos han venido a pasar unos días con nosotros. Se nos cayeron los lagrimones cuando, en un momento de debilidad, incluso llegaron a reconocer que nos estaban echando de menos. ¿Que esta añoranza se debe al caos de la casa? ¿Y qué? Déjenme disfrutar de ese regusto del “¡Lo sabía!”. 

Porque cuando tus hijos llegan a la adolescencia es como si se levantara una barrera entre tú y ellos, y cada paso que dan hacia la madurez es un ladrillo que cae de ese muro. Tengo muchas ganas de volver a tener una familia con vistas al campo. Y me va quedando cada vez menos. 

@mardelolmoescritora

Pues para mí ha sido el peor verano de mi vida… Uno de los motivos ha sido una compañera que está conmigo hace ya casi un año: LA MENOPAUSIA.

Algo que reconozco haber ansiado en mi juventud, se ha convertido en una odiosa compañía, sobre todo en verano… Mis abundantes carnes ahora abundan mucho más, además de estar flácidas ¡casi tengo que ponerme el bañador con calzador! Por no hablar del “meneíto flanero” que acompaña cada uno de mis movimientos, ¡que hasta cuando estornudo se produce un seísmo en mi cuerpo serrano!! Triste, muy triste…

Y luego están los sudores… ¡sudo por aspersión, aunque haga 20 grados! Y menos mal que veraneo en el norte, porque en caso contrario no podría volver la cabeza si me llamas por la calle a riesgo de empapar a todo el personal que pase cerca… No sé si con 17 años vosotras erais tan pavas como yo y suspirabais por haceros la foto perfecta con la cámara Kodak de plástico negro que os regalaron en la primera comunión y ese carrete de 36 fotos que te tenía que durar todo el verano… Te colocabas, de rodillas en el mar metías el pelo en el agua y luego echabas la cabeza atrás a gran velocidad para conseguir esa foto con tu melena al viento y gotitas de agua flotando a tu alrededor… Si la conseguías, te sentías Elle Mcferson, pero no era tarea fácil.

Yo este verano he conseguido ese efecto como en 20 fotos… ¡y sin tener que mojarme el pelo! Lo he conseguido en casa, tumbada en la arena, andando por la acera… Y como nunca nos gusta lo que tenemos, no solo no he estado orgullosa de mí misma, sino que me he avergonzado.

También ha sido mi primer verano sin sexo… imagina querer introducir una salchicha de Frankfurt por el agujero de un filipino (la galleta, no la nacionalidad). Algo poco firme en algo más seco que un polvorón ¡pues “misión imposible”! Y lo peor es que a mi contrario no le ha parecido “de cine”…

Y por último, y no por ello menos importante, me he dado cuenta de la “insoportable levedad del ser” como el título del libro de Kundera. Por primera vez he sido plenamente consciente de que tenemos fecha de caducidad al ver el deterioro físico de mi suegro. Eso me ha entristecido, pensar que la gente a la que quiero dejará de estar ahí en algún momento, pero también me ha sensibilizado, y ahora quiero aprovechar cada minuto para hacerles sentir que los quiero y son parte importante en mi vida, que muchas veces dejamos pasar el tiempo sin verbalizar lo que sentimos y creo que es muy importante decir cada día TE QUIERO…

Lou