¿Dónde va el tiempo que nos falta?

He crecido escuchando boleros. Antonio Machín amenizaba los viajes en coche, Los Panchos eran religion en casa, y sus canciones siguen marcadas a fuego en mi memoria.

A día de hoy, con esta vida loca, loca, loca, locaaaa, una de ellas debería ser el himno nacional: “Reloj, no marques las horas”.

Porque, como conejos blancos, parece que llegamos tarde a todos sitios.

Llego tarde, llego tarde

¿Y si Carroll hubiera viajado en el tiempo y vivido unos años en una gran ciudad como Madrid?

El apresurado personaje de Alicia en el País de las Maravillas podría ser cualquiera de nosotros, amargados urbanitas de pro. 

Trabajamos de sol a sol porque la competencia laboral es feroz. Tardamos horas en trasladarnos de un sitio a otro. Y no hablo solo del coche y sus atascos, también del transporte público. Es una gran ciudad, somos muchos moviéndonos a las mismas horas y lo colapsamos todo. Queramos o no. Apuntamos a nuestros hijos a miles de actividades extraescolares en su infancia para no tener que dejar el trabajo y ocuparnos de ellos. Les damos de cenar rápido, les acostamos rápido, les pedimos que aceleren con sus deberes y les damos un beso de buenas noches con tal cantidad de estrés que no sé cómo concilian el sueño los pobres niños. 

Los centros comerciales abren TODOS LOS DOMINGOS y cada vez se le suman más pequeños comercios resignados a seguir la corriente o morir nadando en la orilla. 

Hay peluquerías 24 horas, tiendas 24 horas, gimnasios 24 horas… 

¡ESTAMOS LOCOS!

¿Qué estamos haciendo con nuestro tiempo? 

Hace un par de semanas un coach con aspecto de asceta me preguntó cómo dividía mi trabajo diario.

  • 8 horas en la cama (que no digo durmiendo)
  • 1 hora desde que me levanto hasta que me pongo en marcha
  • 1/2 hora de aseo matutino
  • 4 horas de trabajo por la mañana
  • 3 1/2 de preparación de comida, masticar rápido y descansar. Hay que ver las noticias que ya he visto por la mañana por si cambian alguna coma.
  • 3 horas de trabajo por la tarde. Contabilizo mis redes sociales porque son trabajo para mí. 
  • 1 hora de juegos en la tablet. Adicta al Mah Jong y el solitario clásico
  • 2 horas de ver tele, prepara cena, cenar

He sido “generosa” con las horas que dedico a cada cosa. Y aún así no me suma el día completo. ¿Dónde están esas horas que me faltan? ¿Qué estoy haciendo con ellas? ¡Estoy perdiendo el tiempo! ¿Y dónde lo puedo encontrar?

¿Alguien ha visto el tiempo que me falta?

Estoy segura de que, a estas alturas del post, estaréis divididos. Los que me entendéis perfectamente y los que estáis poniendo cara de “no sé de qué me hablas”. 

Bienaventurados los segundos porque ellos saben vivir. Amén.

Por eso yo tengo varios objetivos en mi vida y uno de ellos es irme de aquí. Porque aun viviendo en un pueblo pequeño a las afueras, el ritmo es el mismo. Y ¡qué coño! porque quiero vivir junto al mar, y aquí no hay playa. Vaya, vaya.

@mardelolmoescritora

¡Confieso! Era yo la que ponía los boleros en el coche, me volvía loca su “ritmo” y sus letras, era groupie de Armando Manzanero, hasta el punto que mi madre llegó a pensar que yo era una reencarnación…

Y creo que va a tener razón, aunque nací a mediados de los sesenta, creo que soy de otra época. ¡Que no me estreso, que tengo sangre de horchata! Yo vivo a mi ritmo, me da igual el “acelere” que llevan los que me rodean…

Si ya lo dice el refrán NO POR MUCHO MADRUGAR AMANECE MÁS TEMPRANO, así que no pienso correr para tener que esperar a ver amanecer…

Yo todo lo hago lento. Cuando plancho, hago un descanso cada vez que tengo que reponer el agua de la “maquina infernal”, voy al salón, me fumo un cigarrito y si se tercia… ¡me bebo una cerveza!. ¿Qué más da lo que tarde? Nadie va a tener ?? para decirme que me dé prisa (mi especialidad en las labores domésticas son las huelgas; si me cabreo con alguien de mi familia dejo de planchar, de cocinar, de limpiar el baño…)

Ahora plancho la oreja, digo la camisa.

Si os cuento mi día parece que la que ha dejado todo para dedicarse al sueño recurrente de un 85% de españoles, de tocarse la barriga 8 horas y a pesar de ello cobrar un sueldo, soy yo… Trabajo en la oficina de 9 a 3, todos los días. Llego a casa, como, y me dedico a trabajar en mis cosas, “con estas manitas y mis abalorios”. Un día hago una cabeza de jirafa, otro hago dos vueltas de punto y si estoy perruza total, oigo la tele (nunca la veo) o duermo la siesta.

Me sale el arte de las manos

¡Que tengo alma caribeña! Que creo que odio la palabra PROCRASTINAR porque me da rabia no haberla inventado yo, cuando ¡¡¡es lo que llevo haciendo toda la vida!!! Porque si algo me agobia o no me apetece, lo dejo para mañana esperando tener mejor ánimo, que aunque deje algo para luego está claro que nadie lo va a hacer por mí…

Soy la reina de la procrastinación

Que me gusta la “slow life” vivir despacio, comprar en tiendas de barrio donde me den conversación, pasear a 1 kilómetro por hora y no correr ni aunque me persigan, hacer las cosas cuando quiera y al ritmo que me apetece…

Y me da igual encontrarme con el mar al abrir la ventana o poder saludar al vecino de enfrente… ¡YO A MÍ RITMO!

Y al que no le guste ¡que me adelante! Pero que me deje vivir tranquila, que yo no he nacido ni para correr ni para trepar…

Lou

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