Compradora compulsiva y acumuladora

Yo, que siempre he presumido de ser muy racional con las compras, he bajado la guardia. También es cierto que el sector crítico de la familia, que en todas hay uno, afirmaba que no es que tuviera bien puesta la cabeza, sino que era una tacaña. 

Obviando estupideces y envidias, tengo que reconocer que he tirado por tierra mi fama, y me aterra el placer que encuentro en comprar cosas que luego no siempre utilizo y que en muchos casos no necesito. 

El último ejemplo es muy cercano y casi doloroso. Después de mi tercera cerveza (tengo que empezar a desterrar esta insana y diaria costumbre) me puse a buscar un roner en Amazon.

¡¡¡Seis horas antes yo no sabía lo que era y estaba comparando precios para hacerme con uno!!! 

Para los que estéis vírgenes en la materia, como yo hasta hace una semana, os diré que el roner es un aparato nada barato que se utiliza para cocinar a baja temperatura. Y que no sirve de nada si no tienes una buenísima y profesional envasadora al vacío… La ruina para una servidora que cocina platos bastante básicos y tradicionales, aparte de los clásicos macarrones con chorizo. ¿Para qué lo podría utilizar yo? ¡Cuánto daño me está haciendo la compra online! Y más aún desde el móvil. A un clic y lo tengo todo. Mal, mu mal, mu mal…

Luego está mi adicción al bricolaje y las herramientas. 

Las mujeres que me rodean son adictas a la ropa.

Mi hijo y sus amigos (y me temo que su generación en general) son adictos al juego, una forma fácil y rápida de conseguir dinero sin trabajar.

Y yo me quedo extasiada ante las herramientas, las pinturas, los cables, brochas y rodillos, paneles de madera, tacos y tornillos, clavos, pegamentos…

Debería existir una lista de bricópatas. Y que te pidieran el carnet para poder entrar en Leroy Merlin. Que te persiguiera un hermano tutor que te preguntara si realmente lo necesitas cada vez que incluyeras un artículo en el carrito… Una de dos, o sales solo con lo imprescindible o le calzas una hostia que no te dejan entrar nunca más al centro por violenta. Siempre acaba bien para tu bolsillo.

Luego no me sentiría tan mal el día que tocase hacer limpieza porque no hay espacio para nada más en casa. Y vas viendo pasar por delante todas aquellas cosas que compraste y has usado una vez o ninguna: la picadora de hielo que no funcionaba, el set de manualidades del Lidl sin abrir, la linterna tipo camping para las inexistentes excursiones nocturnas, y las zapatillas de deporte sin estrenar, que ya no tengo edad para empezar a correr. 

Mar