La belleza de lo inerte. Lo muerto, hablando en plata.

El otro día, una querida colega de sufrimiento bloguero, hablaba sobre la belleza de esas cosas en desuso, viejas, desgastadas, incluso abandonadas en muchas ocasiones.

Razón no le falta. Ahora bien, yo no digo que esta pseudo tendencia esté bien. Porque no nos engañemos, como casi todo en la vida, esto es una moda. Lo que no sabemos es si es pasajera o se va a quedar con nosotros por los siglos de los siglos. Continuar leyendo “La belleza de lo inerte. Lo muerto, hablando en plata.”

Si estás piripi, aléjate del “selular”

En mi familia hay una femenina propensión al alcohol. No como para acabar en Alcohólicos Anónimos, pero sí para sobrellevar algunas de las cosas que se nos hacen bola en la vida.

Yo tengo la suerte de tener dos hijos en la maravillosa edad de la adolescencia. Todo son granos y subidones hormonales que desestabilizan la vida familiar y la paz espiritual a golpe de portazo. Cuando me entran ganas de hacer un genocidio aborrescente, sonrío y me cojo una Mahou de la nevera. O del congelador. Todo depende del tamaño del cabreo. Cuanto más gordo, más fría tiene que estar la cerveza. Así de básica soy yo.  Continuar leyendo “Si estás piripi, aléjate del “selular””

Somos muy de pueblo

Hace más de cuarenta años que dejé atrás mi pueblo. Nací en un lugar de La Mancha de cuyo nombre me acuerdo: Valdepeñas. Hoy, a diez días de cumplir cincuenta, sigo siendo muy de pueblo. Quiero, a veces, ser como Lydia Bosch. Con su voz meliflua. A mí, ese tono solo me sale en los ascensores o cuando hablo por teléfono. Siempre que no sea un tipo que trabaje como operador de televenta, que entonces, muerdo con palabras. Continuar leyendo “Somos muy de pueblo”