La verdadera historia de Benjamin Button

No me canso nunca de ver esa película. Tiene todos los ingredientes que me hacen sentir bien: 

  • Brad Pitt cuando no necesitaba una media en la cámara como Sarita Montiel.
  • Una bonita historia de un amor imposible que se hace posible.
  • Un corte de manga al ineludible paso del tiempo.
  • Grandísimas dosis de irrealidad.

Pero claro, tantas veces la he visto, que  la he psicoanalizado.  Continuar leyendo “La verdadera historia de Benjamin Button”

Si estás piripi, aléjate del “selular”

En mi familia hay una femenina propensión al alcohol. No como para acabar en Alcohólicos Anónimos, pero sí para sobrellevar algunas de las cosas que se nos hacen bola en la vida.

Yo tengo la suerte de tener dos hijos en la maravillosa edad de la adolescencia. Todo son granos y subidones hormonales que desestabilizan la vida familiar y la paz espiritual a golpe de portazo. Cuando me entran ganas de hacer un genocidio aborrescente, sonrío y me cojo una Mahou de la nevera. O del congelador. Todo depende del tamaño del cabreo. Cuanto más gordo, más fría tiene que estar la cerveza. Así de básica soy yo.  Continuar leyendo “Si estás piripi, aléjate del “selular””

El día en que me pasé a la bragafaja

Existe una evolución en mi historia con la ropa interior. De las braguitas de algodón con algún toque floral o fruta muy discreto (el blanco inmaculado era la única opción viable por tradición) pasé a ropa de tejidos más sintéticos y más ajustables. Los pantalones que llevaba eran casi una segunda piel y no debería notarse la pata de la braga. 

Un aciago día una compañera de trabajo me dijo que debería pasarme al tanga, que era horrible que la gente notara tus bragas debajo del pantalón. Continuar leyendo “El día en que me pasé a la bragafaja”

Compradora compulsiva y acumuladora

Yo, que siempre he presumido de ser muy racional con las compras, he bajado la guardia. También es cierto que el sector crítico de la familia, que en todas hay uno, afirmaba que no es que tuviera bien puesta la cabeza, sino que era una tacaña. 

Obviando estupideces y envidias, tengo que reconocer que he tirado por tierra mi fama, y me aterra el placer que encuentro en comprar cosas que luego no siempre utilizo y que en muchos casos no necesito.  Continuar leyendo “Compradora compulsiva y acumuladora”