ADICTAS A LA DEPRE

No es solo un titular de puñetazo en el ojo. No quiero dármelas de psicóloga. No soy una experta profesional, soy una enferma con experiencia.

Creo que SIRT1 (alias sariti) y LHPP (o l’hijoputa), los recién descubiertos genes responsables de la depresión, han acampado en una rama determinada de mi familia. Y a ratos nos gusta.

Cuando una persona se pasa la mitad de su vida entrando y saliendo de brotes depresivos se vuelve un poco observadora de más. Y yo he llegado a una terrible afirmación: la depresión es como estar en la mierda, y la mierda da calor.

El mundo de ahí fuera es frío y aunque eres consciente de que tienes que hacer un esfuerzo y dejarte de excusas, día tras día encuentras un motivo suficiente para atrasar tu decisión de curación.

Te pones las canciones más tristes. Y lloras.

Eliges libros destrozacorazones. Y lloras.

Alquilas películas de amores rotos e hijos abandonados. Y lloras.

Discutes con tu pareja. Y lloras. Y hasta te haces la víctima para justificar tu ausencia total de ganas de curarte.

Porque en el fondo, te sientes bien. Es adictiva la puta depresión. No es nada fácil quitar la tela de araña que minuto a minuto teje a tu alrededor, aletargando todos tus sentidos.

Hasta que un día algo te sacude por dentro y te miras extrañada al espejo.

Y te cuentan un chiste. Y no te esfuerzas por no reírte.

Y escuchas “Salta” de Tequila en la radio. Y la cantas a grito pelado en el coche.

Y llegas a casa sonriente. Y no borras la sonrisa cuando algo no sale como pensabas.

Pero esto es solo el principio. Cuando esas dos okupas de la genética están fijas en tu ADN la lucha no acaba nunca. Y tú ¿has conseguido echarla de tu casa?

Yo debería alejar de mi vida lo que provoca que sea reincidente: preocuparme en exceso por lo demás, léase mis hijos, no tomarme la vida (ni el trabajo) tan en serio, aprender a asimilar los fracasos y seguir sin dolor, asumir que la vida no es perfecta y en eso radica su encanto, no pretender llegar a todo y bien.

Estamos pagando el pato de una mentira que nos vendieron y nos creímos y así andamos todas enganchadas a los ansiolíticos y antidepresivos.

Mar